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LA VOCACIÓN MISIONERA

Carta Vocacional, Marzo '20.

Por el P. S. Jesu Doss, CMF



Queridos amigos,


Saludos.


Al leer los números 248-258 de la Exhortación Christus Vivit que el Papa Francisco dirigió a la juventud de nuestro tiempo, me llama profundamente la atención su enfoque que califica la vocación cristiana como una vocación misionera. Su énfasis en este aspecto es muy pertinente para nuestra identidad de ser misioneros de la Palabra.


Cuando hoy hablamos de vocación, la explicamos instantáneamente con diferentes enfoques conceptuales como llamada, respuesta, voz de Dios, resonancia interior, miedo, choque, incertidumbre, toma de decisiones, clarificación, discernimiento, misión, ser y trabajar para los demás, etc. Ciertamente, estos son algunos significados que resuenan en nosotros. No los decimos como una simple lista mental de palabras del vocabulario para explicar nuestra vocación cristiana de manera conceptual. Estas son las importantes realidades de nuestra vida diaria que nacen de nuestro encuentro con nuestro Señor Jesús y el mundo. Por lo tanto, la vocación cristiana no es un concepto o una teoría, sino una experiencia de encuentro entre Jesús y su discípulo; entre yo y Jesús; entre tú y Jesús.


Nuestra vocación como religiosos misioneros es una experiencia de Dios. Quien ha comenzado su camino vocacional, ha descubierto los susurros interiores de la llamada de Dios que tiene lugar en todos nosotros. Cuando nos sumergimos en esta experiencia vocacional, nos encontramos con una experiencia de Dios. Nuestro encuentro entre Jesús y nosotros mismos se vuelve muy intenso e íntimo; de modo que nuestro ser más esencial comienza a escuchar y a responder espontáneamente a su voz de manera permanente; no se trata de un asunto de un pasado remoto. Comenzamos a mirarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno desde la preocupación vocacional de cómo responder a la llamada de Jesús "en la oración, el trabajo y el sufrimiento" en palabras de nuestro Padre Claret.


Para mí, esta experiencia vocacional es algo muy básico para permanecer más comprometido personalmente en la experiencia de Dios. Las dos importantes enseñanzas de mi formación inicial que intento mantener vivas en mí, en cuento puedo, son la oración y el acompañamiento espiritual. El principio de "la primera hora del día es para Jesús primero" es el llamado a sentarse a sus pies y escucharlo. Leer y escuchar su Palabra en el evangelio del día y seguir rumiándola en actitud de escucha me lleva a ser consciente de mi necesidad de escucharlo durante todo el día. En este encuentro con Jesús a través de la escucha de su voz hay más posibilidades de descubrir los diferentes dones de los que estoy dotado. Para mí cada don es un llamado del Espíritu Santo para responder a él haciendo uso de los dones para el bien de mi comunidad. Levantarme temprano y buscar su presencia en la Eucaristía es una experiencia alegre ya en la primera hora del día. Mi formación inicial me sigue ayudando a ir más allá de una mentalidad de cumplir el horario de la casa y entrar en la Casa de Jesús para estar a solas con él.


Otra enseñanza de mi formación que utilizo en mi camino vocacional es el acompañamiento espiritual. No puedo olvidar las luces que recibí de mis directores espirituales ya desde mi formación inicial. Se trata de un compartir y un diálogo transparente entre el acompañante y el acompañado. Las deliberaciones y el discernimiento que se reciben de este encuentro son útiles para crecer en las exigencias de mi obligación de proteger las raíces de mi vocación y hacer que mi vida misionera sea significativa y alegre. La necesidad esencial de la misma se percibe cada vez más en la vida cotidiana. El principio de "La verdad os hará libres" (Jn 8,31) es una experiencia vivida y habida. Es dar valor para afrontar las luchas interiores para ser fiel a uno mismo y a la llamada recibida de Jesús. Para mí, el acompañamiento espiritual es buscar la voluntad de Dios y que se me recuerde constantemente. No es simplemente narrar los logros personales a un individuo, sino darse cuenta de la miserable necesidad de buscar la Luz de Jesús en la oscuridad.


Así, nuestra vocación misionera claretiana se vuelve alegre y significativa a partir de nuestra experiencia de Dios acompañada de una persona sabia, que es capaz de percibir los movimientos del espíritu. Como joven que se inicia en la escucha de la llamada de Jesús tras las huellas del Padre Claret, ¿por qué no piensa en su capacidad de silencio y soledad para estar con Jesús y escucharlo? ¿Por qué no te atreves a ser generoso y te dejas acompañar por alguien que conozca los movimientos interiores del Espíritu Santo para responder a la llamada de Jesús?


P. S. Jesu Doss, CMF

Chennai (India)

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