Somos

Misioneros

A través del mundo los Claretianos tienen la firme misión de tumbar las barreras y tocar las vidas de la gente. Desde los barrios de la cuidad hasta las selvas remotas, los Claretianos llevan sus mensajes de esperanza, amor y justicia directamente a la gente que la necesita urgentemente. Ellos promueven la chispa que lleva cada persona a Cristo.

Los carismas de comunidad, misión, espiritualidad y evangelización guían a los Claretianos en su ministerio. Una vida profunda de comunidad, apoyada por los 3,000 Claretianos en el mundo, nutre los ministerios y las vidas de los Claretianos. Su misión común los ha llevado a casi 70 países en cinco continentes donde trabajan en distintos ambientes como parroquias, universidades, hospitales y hasta las calles de las ciudades.

En sus palabras y acciones, los Claretianos se esfuerzan por evangelizar a través de su testimonio de la Palabra de Dios.  A través de sus ministerios diversos, la espiritualidad Claretiana los ayuda escuchar con sus corazones al mundo tan cansado.

Los Claretianos acompañan a la gente en necesidad. En la Provincia de los EEUU y Canadá, los Claretianos se encuentran en los barrios pobres donde la gente joven vive en las tinieblas de la violencia de pandillas. Hemos construido viviendas para los ancianos y familias quienes no podrían pagar una casa propia. Servimos a los estudiantes de las universidades, ayudándolos construir comunidades de fe fuertes. Apoyamos a un ministerio llamado Publicaciones Claretianas, y apoyamos a la devoción a San Judas a través del Santuario Nacional de San Judas.  Estamos creciendo nuestra presencia en las Naciones Unidas, dando una voz a los que no tienen voz alrededor del mundo.  Servimos en una variedad de ministerios en hospitales.  Apoyamos a la organización de la comunidad en los barrios en la cuidad hasta con los campesinos.  Hemos llevado la evangelización al mundo digital con nuestra estación de radio en internet Radio Claret y en muchas comunidades somos un recurso singular para los católicos latinos, la población que crece más rápidamente en la Iglesia Católica de los EEUU.  


Los ministerios diversos de los Claretianos reflejan a su fundador, San Antonio Claret. Él luchó para difundir las Buenas Nuevas del Evangelio por todos los medios posibles. Claret cruzó su país de origen, España, a pie predicando dondequiera que había gente para escuchar. Escribió mucho y en su vida publicó más de 200 libros y panfletos. Mantuvo su unidad con la gente aun siendo el arzobispo en Cuba, donde luchó en contra de la esclavitud y el racismo y fundó Cooperativas de Crédito para la gente pobre. 

 

"Tengo tanto amor por los misioneros que derramaré mi sangre por ellos, les ofrecería cualquier servicio, me privaría de comida para el cuerpo si esto los ayudara en sus labores. Cuando considero cómo están trabajando para hacer que Dios sea más conocido y amado, y que las almas se salven y no sean condenadas, estoy poseído por no sé qué tipo de anhelo e impaciencia." – San Antonio Claret 

 

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Aquí hay algunos puntos destacados de nuestro Documento del Capítulo, COMUNIDADES ALEGRES EN LA MISIÓN PROFÉTICA, que se redactó después de que todos nuestros Misioneros de la Provincia se reunieron en el verano de 2017. Esto puede darte una idea de dónde viene nuestro corazón y por qué hacemos lo que hacemos.

"Como misioneros claretianos, nos reunimos para nuestro Capítulo en la Provincia de los Estados Unidos y Canadá y en medio de un mundo que sufre de tensiones políticas, económicas e interculturales, vemos la importancia de que las personas de diferentes orígenes aprendan a llevarse bien entre sí. En un clima político que fomenta el miedo, la ansiedad y la polarización, queremos que nuestra presencia sea un signo de comunión fraterna..

  

Algunas personas experimentan dificultades económicas, y no pueden pagar por la atención médica urgente o pagar los préstamos estudiantiles. Los países están luchando por adaptarse a los fenómenos migratorios y de refugiados en todo el mundo causados ​​por un mundo plagado de guerras y violencia. Al mismo tiempo, la Iglesia tiene una relevancia en declive, especialmente para los adultos jóvenes. Esto se debe en gran medida a la pérdida de credibilidad en el mal manejo de la crisis de abuso sexual y la percepción de no estar en contacto con la realidad en las áreas de la sexualidad y la vida familiar.

 

La asistencia en la Misa ha disminuido en toda América del Norte, afectando a las comunidades donde servimos. Como evangelizadores, sabemos que nuestro mensaje debe ir más allá de los muros de las iglesias y llegar al nuevo areópago de nuestra sociedad, ya sean los campos migratorios de California o los vastos alcances del Internet, dondequiera que la gente se reúne para trabajar, jugar o compartir ideas.

  

Nuestros documentos congregacionales continúan llamándonos a muchas formas de "misión compartida". Esto significa trabajar en equipo en el ministerio. Reconocemos la importancia de una mejor comprensión de la "dinámica de equipo" y la colaboración pastoral. Queremos evitar un enfoque minimalista del ministerio que solo resulta en una cultura de individualismo y falta de profesionalismo. Podemos hacer mucho más cuando aprendamos cómo trabajar en equipo. Ese espíritu que motivó la creatividad y las innovaciones de nuestro fundador, San Antonio María Claret, hace tantos años todavía está con nosotros.

 

Al igual que los antiguos hebreos que huyen de Egipto, pero anhelan lo familiar, estamos llamados a confiar en el Señor que nos guía y nos muestra el camino. Es en la esterilidad del desierto donde nacen los profetas y ofrecen una palabra de esperanza de que la nueva vida es posible. Nuestro fundador fue tal profeta, que sobrevivió a la persecución, la calumnia y los ataques físicos. En su nombre, nuestra Congregación nos llama a renovar nuestra identidad misionera, fortalecer nuestra vida comunitaria y buscar aquellos ministerios que sean los más urgentes, oportunos y efectivos. Nuestra vida comunitaria es una respuesta profética al llamado del Evangelio para pasar del "Yo" al "Nosotros" al abordar las esperanzas y los dolores del mundo moderno.

  

Llamados a tener "un solo corazón y una sola mente" y "compartir todo en común" (ver Hechos 4:32), lejos de pedirle a cada uno que abandone quién es, el Evangelio nos invita a abrirnos a ese compartir para lo cual hemos sido creados; nuestra vida comunitaria fortalece, enriquece y profundiza nuestro ser personal; Yo soy porque nosotros somos. Nuestra comunidad misionera, un don precioso, nutrida plenamente en la Eucaristía, es un lugar privilegiado que fortalece y facilita nuestra realización personal (CC 10-12 / Testigos y Mensajeros de la Alegría del Evangelio, n.° 26). La Congregación nos desafía a cuidarnos unos a otros como lo atestiguan los apóstoles y las primeras comunidades cristianas. Es el Espíritu el que moldea nuestra comunión y nos forma en discípulos misioneros entre el pueblo de Dios. Nuestras comunidades, de diferentes culturas y edades (CC 17), están llamadas a ser una parábola de comunión, un signo escatológico, una palabra evangelizadora, en el mundo de hoy "(Ibid, 46). Hemos escuchado y hemos sido animados por las palabras del Papa Francisco, que ha unido su voz a las palabras de los profetas proclamando la alegría del Evangelio.

 

El Papa Francisco nos invita a vivir la alegría del Evangelio caminando con aquellos que viven en las periferias, acompañando a aquellos que encontramos allí, y con ellos adorando a Dios en el Cristo de quien fluyen todas nuestras actividades. Estamos llamados a ser creativos para adaptarnos a las nuevas realidades en la iglesia y la sociedad. En este tiempo de agitación política y polarización, nuestras comunidades de diversas culturas, vividas en comunión fraterna, se convierten en un testimonio profético muy necesario para nuestra sociedad. Reconocemos y celebramos la complejidad y diversidad de nuestro mundo, nuestros países e incluso nuestras propias comunidades. Invitamos a otros a unirse a nuestra Congregación de Misioneros Claretianos al escuchar el llamado de Dios a ser una presencia profética en este mundo. 

 

Somos hombres comprometidos a los ideales de San Antonio María Claret; hombres que arden del amor de Dios, hombres que viven en comunidad con alegría, amor y servicio, orgullosos de decir con una sola voz:

  

"¡SOMOS MISIONEROS!"

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