“ES FÁCIL VOLARSE SI NO HAY DE DÓNDE PRENDERSE”

A todas aquellas personas que dedicarán un poco de su tiempo para leer esta carta, un saludo
cordial y fraterno. La alegría de reconocernos Familia, en camino con los jóvenes, haciendo realidad el sueño de Claret: “Un Cuerpo apostólico sinodal para la evangelización del mundo”, sea la clave que predisponga el corazón para acoger este intercambio en la reflexión del capítulo VI de la Exhortación Apostólica Postsinodal “CHRISTUS VIVIT”.


Si para preparar el futuro es necesario vivir bien el presente, del cual los jóvenes son el ahora de Dios, es igualmente verdadero que para construir el futuro es necesario tener raíces fuertes que ayuden a sostenernos de pie y arraigados a la tierra para que cualquier momento o circunstancia no nos vuele. Se trata de un bonito desafío para todos nosotros que acompañamos “el ahora de Dios” en lo cotidiano.

 

Hay dos puntos del texto que me gustaría rescatar como aportes para suscitar y acompañar los
procesos personales únicos y libres en la pastoral de los jóvenes y las vocaciones.


• Amar la historia, la riqueza espiritual y humana transmitida de una generación a otra,
abre la vida a los valores del Evangelio y favorece la profundidad necesaria para acoger la
belleza en cada cosa, en el trabajo, en la familia, en la fidelidad, en la vocación, en cada
persona, en el servicio, en la amistad, etc. como base de la verdadera solidaridad social y de
la cultura del encuentro. Ayudar a que los jóvenes descubran la riqueza viva del pasado
haciendo memoria y aprovechándolo para las propias elecciones y posibilidades, es un
auténtico acto de amor hacia ellos en vistas de su crecimiento y de las elecciones que están
llamados a tomar. “Hacerse cargo de las raíces, con espíritu crítico, garantiza recibir la fuerza
para crecer, florecer y fructificar”.


• Vivir las relaciones intergeneracionales como uno de los marcos de referencia para
cimentar con solidez una nueva sociedad nos permite caminar todos juntos, jóvenes, no tan
jóvenes y ancianos, aprendiendo los unos de los otros, dejándonos inspirar por el Evangelio y
contagiando cada gesto con una esperanza nueva. De este modo, las raíces son un punto de
enraizamiento que permiten responder a los desafíos del mundo y de la Iglesia, anunciando la
Buena Noticia de Jesús dondequiera y a quienquiera que sea.

 

La invitación al encuentro -el intercambio profundo que se alimenta y sostiene por las raíces-
provoca por tanto una propuesta creativa donde, como dice el papa Francisco, los sueños de las  generaciones menos jóvenes ayudan a ver los horizontes de las generaciones jóvenes.
Podría ser esta la ocasión para preguntarse: ¿Cuán profundas son mis raíces? ¿Qué valor doy a las relaciones intergeneracionales?

 


¿Soy un adulto que piensa siempre acerca de cómo deben comportarse los jóvenes o soy un adulto que piensa fácilmente que el pasado ya no importa?


Espero que la respuesta a estas y otras preguntas que surjan en el corazón de cada uno puedan ayudar a vislumbrar un nuevo rayo de luz en el proceso de acompañamiento de los jóvenes como oportunidad que nos abre al discernimiento espiritual de las situaciones y de la
acción del Espíritu, para una Conversión Pastoral.


Un saludo a todos desde Roma,

 

Lia Latela RMI

 


Prefecta General de Apostolado – Roma

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