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Llamados a abrir un camino de esperanza para la Paz


Cartas vocacionales, enero de 2020. Roma.

Queridas amigas y amigos:

Ya en los primeros días del mes de enero, es nuestro deseo que nos dispongamos a vivir el nuevo año poniendo en juego, desde el inicio, lo mejor de nosotros mismos en beneficio de los demás; esto es, nuestra identidad de hijos de Dios y la capacidad de ser hermanos entre nosotros. Este es el llamado que el papa Francisco nos hace en la 53 Jornada Mundial por la Paz del 1/1/2020*.

“Los que procuran la paz, serán llamados ‘hijos de Dios’”, dice Jesús en Mt 5, 9. “El proyecto de la fraternidad está inscrito en la vocación de la familia humana”, dice Francisco. ¿Y nosotros? ¿Qué decimos? ¿Cuál es nuestra actitud ante el fratricidio que rompe en pedazos el sueño de Dios para el mundo y que es causa de nuestra alegría? Este tipo de mensajes nos invita a ampliar el horizonte en el que habitualmente comprendemos el término “vocación”; particularmente cuando la circunscribimos, casi exclusivamente, al ámbito de la llamada al sacerdocio o, cuanto más, a la vida consagrada.

¡Qué difícil resulta a veces que vayamos más allá de estas perspectivas que empobrecen nuestra comprensión de la vocación y reducen nuestras posibilidades misioneras! Sin embargo, la Iglesia y el mundo de nuestros días presentan desafíos enormes a nuestra vocación de discípulos de Jesús. Y sólo podremos responder a ellos si nos atrevemos a caminar paso a paso, cada día. Anteponer el diálogo a la desconfianza para la consecución de intereses comunes, desterrando actitudes hostiles hacia los demás, por ejemplo, puede hacernos crecer en la búsqueda del bien común, aun cuando subsistan diferencias. De las lecciones de la historia, las luchas, desencuentros y sufrimientos de nuestros pueblos, podemos aprender a ser mejores ciudadanos y cultivar una ética de la solidaridad, que es otro modo de la justicia y una forma de compromiso con los jóvenes y su futuro. En el diálogo que establezcamos con ellos se hace efectiva nuestra solidaridad y capacidad de aprender de ellos; pues “la conciencia de formar una sola familia humana crece y se manifiesta con especial fuerza en las generaciones más jóvenes” (MS 11).

La vocación a vivir una fraternidad humana y universal puede parecernos una llamada demasiado “política” y, quizá, algo fuera de lugar. Sin embargo, ella expresa lo más genuino del Evangelio de Jesús y el núcleo de lo que queremos anunciar con nuestra vida a los demás, cuando nos esforzamos por vivir en comunidades interculturales e intergeneracionales poniendo lo mejor de nosotros mismos.

Cuando lo hacemos posible abrimos caminos a la esperanza; porque evidenciamos que todo lo bueno puede suceder. Y sucede. Carlos Verga CMF

Prefecto General de Pastoral de Jóvenes y Vocaciones * Si no has podido leer todavía el mensaje del Santo Padre por la Jornada Mundial por la Paz del 2020, puedes acceder desde este enlace del Vaticano y verlo en distintos idiomas.

¿Te sientes llamado a una vocación de fraternidad humana y universal como sacerdote o hermano Claretiano? Visita www.myclaret.org hoy para más información.

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