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Bailando con Dios

por el P. Steve Niskanen, CMF


¿Qué es una vocación? ¿Fui elegido por Dios desde toda la eternidad para recibir una vocación como sacerdote misionero claretiano? ¿O fui invitado por este mismo Dios amoroso para conocer y amar progresivamente a Jesucristo dentro de mi familia natural primero, y luego, dentro de una familia religiosa adoptada, los claretianos, tomando una serie de giros y vueltas que se determinaron, al menos en parte, por mis decisiones personales? Quizás la respuesta a ambas preguntas puede ser "sí", si pensamos en la vocación de la vida como una especie de "baile" con Dios. No se trata solo de mí ni solo de Dios. Es nuestra misteriosa interacción y movimiento a través de la historia.




Fui invitado por primera vez a considerar al "baile sacerdotal" a través del radiante ejemplo de amor y humildad que me mostró un sacerdote misionero de Colombia, el Padre Domínguez. Recuerdo que se tomó el tiempo para hablar a nuestra clase de 8° grado en la Escuela de la Inmaculada Concepción en Grand Prairie, Texas, donde nos retó a los estudiantes a "cultivar" cuidadosamente nuestras vocaciones, cualesquiera que sean. El P. Domínguez era originario de España y muy querido por los feligreses. En ese momento yo no sabía español, ¡pero sabía que quería ser como él! Todavía tengo una carta que me envió en 1974 desde Colombia en respuesta a una carta que yo le había enviado, manifestando mi interés en estudiar para el sacerdocio. Me animó a ir "a veces a las montañas, a veces al mar" para escuchar a Dios.


¡Esta tarea era fácil de hacer, ya que mi familia se había mudado al hermoso noroeste del Pacífico! Viviendo en Seattle, asistí a una escuela preparatoria y una universidad jesuita y experimenté un poderoso movimiento del Espíritu Santo que cambió mi vida a través de la Renovación Carismática Católica a los 17 años. Aunque era bastante tímido en ese tiempo, la santidad y la bondad de Dios se me hicieron tan presentes de una manera que sanó mi alma y aún vive en mi memoria. Sabía que Dios podía hacer lo que quisiera, y que Dios me quería a MI para algo. Acepté la invitación de mi amigo Jay, que ahora es sacerdote de la Arquidiócesis de Seattle, para ayudar a formar un grupo de oración carismática para jóvenes, que se reunía en la sala de la casa de mis padres durante un par de años. Cuando ingresé por primera vez a la Universidad de Seattle, estaba considerando una carrera relacionada con las matemáticas, pero me encontraba perdido con frecuencia, y bastante desinteresado en mis clases avanzadas de cálculo. Más importante aún, la inspiración que tenía antes de pensar sobre el sacerdocio estaba adquiriendo un nuevo brillo cuando me ponía a pensar "PODRÍAS hacerlo en el poder del Espíritu. Podrías hacer lo que has estado haciendo, y lo que realmente quieres hacer, a mayor escala, como el ministerio de tu vida: ¡compartir el amor de Cristo con todos!”


Me parece providencial, entonces, que los claretianos tuvieron la audacia de colocar un anuncio de vocación en el periódico estudiantil de mi universidad jesuita. Fue un llamado al "baile misionera" con el atractivo título "Podríamos servir a más gente con tu ayuda". No respondí de inmediato, pero guardé el anuncio y luego lo saqué de nuevo cuando, después de graduarme de la universidad y mientras trabajaba como asistente de enfermería para pagar mis deudas, comencé a mirar seriamente la vida religiosa e investigar las posibilidades. En oración, y en consulta con mi director espiritual, reduje el campo a dos: los Redentoristas y los Claretianos, grupos parecidos dedicados a predicar y servir a los pobres. Elegí a los claretianos, principalmente debido a una profunda identificación con la persona y la vida de nuestro Fundador, San Antonio Claret, que se encendió en mi al leer su Autobiografía. Cuando describió a un Hijo del Inmaculado Corazón de María como "un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa. Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todos los hombres en el fuego del divino amor", sentí que había encontrado la hermandad que podía prepararme, lanzarme y acompañarme para vivir la vocación de mi vida en una pista de baile que se extiende más allá de mi ciudad y estado. Me identificaba con la visión de Claret quien dijo: "Mi espíritu es para todo el mundo".


¿Viví feliz para siempre al unirme al programa de formación claretiana en California en 1982? Sí, pero una felicidad no inmune a grandes luchas, dudas y preguntas lanzadas al Gran Compañero Divino de Baile. A medida que me acercaba al final de mis estudios teológicos para el sacerdocio religioso, también estaba expandiendo mi personalidad y me estaba abriendo a mi deseo de intimidad, especialmente con las amigas. Bailando con otros estudiantes en un club de jazz local, me enamoré de un estudiante internacional de teología. Por supuesto, había tenido estos sentimientos antes, pero ahora, con el compromiso definitivo a la vida religiosa célibe en el horizonte inmediato, tenía que pensar: "¿Me conozco a mí mismo y lo que deseo suficientemente bien como para ofrecerme a Dios de esta forma?" Compartí mis preocupaciones con mis formadores, quienes me brindaron consejería profesional. Llevé mi dilema al Señor en oración, pero realmente me angustié por la decisión. Un día mi formador, el P. Larry, vino a mi habitación mientras estaba trabajando en mi lista de "pros y contras". Dijo algo como "parece que realmente quieres irte". ¡Es hora de aprender algunos pasos nuevos, Steve!


En total, estuve separado de la comunidad claretiana durante 2 años. Cuando me fui al principio y encontré un trabajo como coordinador de actividades en un hogar de ancianos en San Francisco, no descarté regresar pronto a la comunidad. La pregunta para mí no era sobre los claretianos, era las relaciones y si yo tenía el don para una sexualidad célibe. Mi provincial, el P. Frank, cariñosamente se mantuvo en contacto conmigo y yo visitaba periódicamente a mis amigos en la casa de formación. Compré un Volvo viejo y me uní a un club para personas altas, los "Golden Gate Tip Toppers" que ofrecía parejas de baile que ¡podían verse cara a cara con un chico de 6'6" como yo! Llegué a sentirme más cómodo en mi propia piel, incluso mientras luchaba con los misterios de la fe. A veces sentía que nunca volvería a la vida religiosa o sería un líder en la Iglesia Católica, mientras escribí en mi diario "Querido Dios, ¿dónde estás?" Una de las gracias de este tiempo, que continúa orientándome hoy, fue una facilidad existencial con la perplejidad y la fragilidad humana, en mí y en los demás. Creo que esto es a lo que se refiere el Papa Francisco en Amoris Laetitia (La alegría del amor) #308 cuando dice: “Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna. Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad... "


¿Qué fue lo que me llevó de regreso a la comunidad en 1989, y de regreso al camino a mi profesión final de votos religiosos en agosto de 1990 y a la ordenación sacerdotal en noviembre de ese mismo año? Mientras discernía mi futuro, tenía en mis manos otra carta maravillosa cuyo mensaje y desafío no podía ignorar. Fue enviada por el Hno. Paul, un miembro de mi Provincia que se tomó el tiempo para ofrecerme su amistad y proclamar su fe en palabras de verdadero cuidado fraternal para mí. Dice así:


Querido Steve,

Estoy orando por ti en tu proceso de discernimiento...Para mí, la vida religiosa es una vida feliz y espero que a través de su estructura y espíritu yo pueda aprender a entregarme más y más. Al comenzar a entregarme, me he encontrado. Creo que la pregunta que debes hacer no es "¿Dónde seré el más feliz?" sino "¿Dónde puedo dar mi amor mejor?" (énfasis mío) La felicidad seguirá naturalmente a tal búsqueda. Aunque espero que te quedes y te conviertas en sacerdote, respetaría tu decisión de irte y espero que podamos seguir siendo amigos. Hay una buena vida por delante y espero que el camino que tomes esté sembrado de las bendiciones de Dios.


Mis casi 30 años de vida y ministerio como sacerdote misionero claretiano han confirmado que así es como soy más plenamente "yo" y estoy disponible para el movimiento de Dios en mi vida. En esta maravillosa vocación, encuentro que es donde puedo "dar mi amor mejor" al pueblo de Dios. He participado en marchas con inmigrantes que enfrentan la separación de sus familias. Me he acercado a católicos LGBT y sus familias quienes buscan el camino para "dar su amor mejor". He sido bendecido de ser un padre espiritual y guía para nuestros novicios y seminaristas claretianos. Sí, hay veces que pierdo el equilibrio, la debilidad y la duda aumentan de vez en cuando, y a veces el camino a seguir parece un poco turbio, pero no puedo negar que Dios es mayor que cualquiera o incluso la suma de todos mis defectos Al igual que nuestro Fundador, San Antonio Claret, tomo la mano de mi compañero de baile cuya voz seductora supera aún las partes tímidas de mí:


No temas, pues yo estoy contigo; no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios; yo te he dado fuerzas, he sido tu auxilio, y con mi diestra victoriosa te he sostenido. Is 41, 10 (Libro del Pueblo de Dios)


Los directores vocacionales, el P. Byron y el P. Rubi están listos para acompañarte en tu discernimiento y ayudarte a encontrar en un director espiritual si no tienes. ¡Ponte en contacto con ellos hoy!

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