El discernimiento, clave para construir una vida auténtica

Updated: Sep 14

Cartas Vocacionales – Agosto 2020.


Por el Padre Joseph Mbungu-Mutu CMF

Prefecto General de Formación


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Una vida obtiene su pleno significado cuando tiene una buena orientación. En la infancia, esto se logra con la ayuda de los padres. Durante la juventud y la edad adulta, muchas otras personas se suman a los padres sin olvidar que la persona misma está llamada a desempeñar un gran papel. Para nosotros los cristianos, también hay que recurrir a Dios constantemente para llevar a cabo este trabajo. Sin embargo, esta orientación se realiza a través de varios caminos, uno de los cuales es el discernimiento. En este camino se basa esta carta vocacional, que es de hecho un compartir de mi propia experiencia, aunque no lo diga expresamente.


De hecho, para mí, el discernimiento es esa capacidad de apreciación que hay que tener frente a los acontecimientos y situaciones que se presentan en nuestro camino existencial y vocacional. La precisión y la lucidez son las virtudes que acompañan a esta apreciación. Visto a este nivel típicamente general, el discernimiento no se limita a un área particular o a ciertas etapas de la vida. Probablemente pueda cambiar de nombre, sin embargo, la realidad y el mecanismo permanecen como tales. Desde una perspectiva cristiana, discernir es unirnos al plan de Dios para nosotros, para este o aquel evento o situación que estamos experimentando.


La importancia de la práctica del discernimiento se encuentra en primer lugar en el mundo con todas sus solicitudes y la encrucijada de la elección que nos presenta para la realización de nuestra vida. Sin discernimiento, nos perdemos fácilmente y al mismo tiempo llevamos a otros a la perdición.


En este sentido, toda la cuestión consiste en encontrar la manera apropiada de llegar a un buen discernimiento. En otras palabras, el camino que mejor nos ayuda a alcanzar el plan de Dios. El Papa Francisco propone en primer lugar la "formación de la conciencia" (CV, 281), ese nivel profundo que nos une íntimamente a Dios y a nosotros mismos. Al hacer esto, es a través de esta educación que podemos llegar a esa corrección y lucidez en la apreciación de las situaciones, eventos, nuestra propia vida y la de los demás. Además, esta formación pasa por preguntas generativas que debemos hacer a nosotros mismos y que debemos hacer, por el acompañamiento personal, la escucha, el diálogo y sin olvidar la oración.

Como religioso y misionero, el discernimiento sigue siendo un punto central de mi vida. Al ejercerlo puedo decir con humildad, por supuesto, que trato de descubrir la voluntad de Dios en mí y en lo que debo hacer en las diversas responsabilidades que se me han confiado. Entonces, su ejercicio me ayuda a caminar en este mundo lleno de propuestas, a veces y/o a menudo contradictorias y me sumerge en enormes dificultades a la hora de realizar las elecciones. Por último, el recurso al discernimiento es para mí una ayuda preciosa ante ciertos problemas que requieren una decisión.


De lo anterior se desprende que, para tener éxito en la vida, es decir, para hacerla útil para uno mismo y sobre todo para los demás, es necesario el discernimiento. Esto se convierte, por así decirlo, en un camino seguro e inevitable. Por lo tanto, lo que el Papa Francisco propone en el capítulo 9 de Christus Vivit (278-298), no está simplemente reservado a los jóvenes, sino a todos nosotros, sin distinción de etapa de la vida y de papel a desempeñar. El discernimiento se convierte en la clave del éxito de la vida y la vocación de uno.



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